Palabras del Diputado Auro Acosta en el Parlamento, esta es una de las caras nuevas en la política y tenemos que cambiar para lograr que alguien trabaje para la gente, y este señor hace años que colabora con todas las instituciones en la localidad de Canelones, logremos personas como estas para lograr buenos políticos y reitero que trabajen para la gente que los llevo al parlamento.
SEÑOR ACOSTA.- Gracias Señora Presidenta: voy a expresar unas palabras sobre un tema delicado y sensible, referido a los integrantes de las Fuerzas Armadas y, en especial, al personal subalterno.
Los pasivos del Ministerio de Defensa Nacional y el personal superior y subalterno en actividad carecen de voceros organizados para ser escuchados por los gobernantes. Si bien tienen derecho al voto, no integran sindicatos que los hagan escuchar y defiendan sus intereses como el resto de los trabajadores y jubilados del país. Ellos no pueden o no saben llevar adelante las distintas medidas de lucha y expresión que son más o menos habituales en una sociedad plural y democrática. Trabajan a cambio de salarios exiguos, misérrimos, que no permiten sustentar decorosamente a una familia.
Sin perjuicio de lo anterior, y en atención al énfasis que ha puesto el señor Presidente de la República en la necesidad de contar con las Fuerzas Armadas y todos sus integrantes a la hora de enfrentar los problemas sociales y en especial los que refieren a los más desposeídos, es que me permito plantear algunas precisiones y consideraciones.
Desde siempre sentimos que las Fuerzas Armadas y sus nobles integrantes están muy comprometidos con nuestra gente. Sus componentes son gente de abajo, gente común de todos los pagos. No se trata de una institución formada con una concepción clasista, alejada del sentir de la gente común. Por eso estamos seguros de que ante los nuevos desafíos, quienes la integran están decididos a asumir un rol protagónico.
Ese compromiso hoy lo vemos reflejado en la multiplicidad de acciones que desarrollan sirviendo solidariamente en toda situación de emergencia ‑inundaciones, incendios‑, asistiendo y apoyando continuamente, en especial a escuelas y centros sociales comunitarios de todo el país. Pero parecería que estos sacrificios no son bien evaluados a la hora de computar la trayectoria de esa actividad. No hay ley de ocho horas ni horas extra. Comparado en horas, no existe ningún empleado ni funcionario que cumpla tantas tareas propias de su profesión y otras distintas a su cometido. Las propias sanciones disciplinarias implican muchas veces la privación de libertad, lo que no se aplica a ningún otro funcionario del país.
Después de retirados, los aportes al BPS no se reconocen como parte acumulable, como una forma de mejorar la pasividad. En los hechos, eso puede generar que se trabaje fuera de la reglamentación y la normativa. Las pasividades se liquidan por el sueldo básico percibido y no tienen en cuenta otros haberes por actividad, situación parecida a la del servicio 222 policial.
Otro tema preocupante es el de la vivienda. Igual situación ocurre con los pasivos y retirados, que no tienen derecho a los beneficios de las viviendas del BPS. ¡Qué contrasentido, porque en cambio se les descuenta para tal finalidad! ¿Será porque dentro del sistema institucional de pasividad de las Fuerzas Armadas no hay representantes de los aportantes y de los pasivos que hagan oír sus justos reclamos?
El Hospital Militar no posee adecuada cobertura en el interior, lo que dificulta la calidad y oportunidad de la atención sanitaria. El usuario del interior debe realizar una consulta ante un médico en la capital para luego volver la semana siguiente, generando, en la mayoría de los casos, gastos extra. Los distintos Centros y Asociaciones de Retirados en todo el país son los que solucionan en parte esta problemática, a través de sus policlínicas y servicios de atención primaria de la salud.
Quiero finalizar expresando una vieja aspiración de quienes nos representan llevando, desde 1937, la bandera patria más allá de nuestras tierras. Me refiero a nuestros contingentes y observadores de Paz de las Naciones Unidas, que no cuentan con un seguro de vida de nivel razonable con que el Estado uruguayo ampare estas situaciones (pérdidas de vida).
También quiero referirme a los pagos a las tropas a través de las Naciones Unidas, tema recurrente en este Parlamento. Entendemos que deben generarse mecanismos de transferencia de recursos que aseguren desde el inicio el pago regular de los salarios a los efectivos y la recuperación del 100% del doble sueldo, que se ha reducido al 50%.
Estos recursos que ellos reciben por encima de su salario no lo gastan fuera del país ni lo depositan en cuentas en bancos extranjeros. Los gastan en nuestro país, trayendo divisas genuinas, tratando de mejorar su vivienda, procurando una mejor educación para sus hijos y buscando, en definitiva, fortalecer sus raíces dentro de nuestra querida tierra.
Solicito que la versión taquigráfica de mis palabras sea enviada a los organismos involucrados: Ministerio de Defensa Nacional; Banco de Seguros del Estado; Banco de la República Oriental del Uruguay; Banco de Previsión Social; Comandantes en Jefe de las tres Fuerzas y, por su intermedio, a los respectivos Comandantes de Divisiones; al Director del Hospital Militar; al Director del Servicio de Retiros de las Fuerzas Armadas; al Presidente de la Confederación Nacional de Retirados y Pensionistas de Personal Subalterno de las Fuerzas Armadas; al Presidente del Centro de Sub Oficiales del Ejército, y al Presidente de la Cooperativa de Ahorro y Crédito del Personal Subalterno de las Fuerzas Armadas.
Muchas gracias.